A pesar de que el árbol del níspero se introdujo en Europa en el siglo XVIII, no sería hasta un siglo más tarde cuando se lleve a cabo el cultivo del níspero para su consumo, cultivo que se vio favorecido por el clima mediterráneo de inviernos suaves, que benefician su fructificación en esa época del año.

El cultivo del níspero es fácil, requiere pocos cuidados, es muy resistente a las sequías, crece a pleno sol, y puede dar frutos durante 25 años. A pesar de ello, durante los dos primeros años de cultivo se deben proteger a los árboles jóvenes del frío invernal, pudiendo aguantar entre 8 y 10º bajo cero los ejemplares adultos, lo que no exime que los frutos puedan dañarse con esas bajas temperaturas.

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Es muy importante el tipo de suelo, ya que estos deben tener un pH neutro que oscile entre 6 y 8. Aunque el cultivo del níspero se puede dar en cualquier tipo de suelo, es fundamental que ése sea limoso o arcilloso, lo que facilitará el drenaje del mismo. Deben, por tanto, evitarse los suelos salinos y calizos, ya que provocan clorosis en las hojas.

Para el cultivo del níspero se suelen emplear árboles injertados sobre pie franco de otro níspero o sobre membrillero. En ambos casos, la producción de frutos es rápida. También se puede llevar a cabo el cultivo del níspero a partir de la plantación de las propias semillas, pero su fructificación será más tardía (varios años) y el tamaño del níspero menor, a pesar de que tienen un sabor más dulce. La mejor época para plantar el níspero es la primavera. Tras las tareas de limpieza, se practican hoyos que oscilan entre el metro y los 70 cm de profundidad para albergar la planta, según se trate de cultivo sobre patrón de semilla o de membrillero.

Como hemos comentado, el cultivo del níspero no requiere complejidad. Si hay poca pluviometría, se debe regar la planta a menudo, aunque no de manera excesiva, prestando atención a las épocas de floración y fructificación. Por su parte, el abono con nitrógeno, fósforo y potasio durante los meses de primavera es fundamental para el mejor crecimiento de la planta.

De abril a mayo tiene lugar la recolección del fruto, que se hace directamente del árbol de manera manual, depositándose en cestos acolchados que protejan a los frutos de golpes y movimientos bruscos. Los días previos a la misma debe evitarse el riego de los árboles para minimizar la disolución del azúcar que le otorga ese dulzor tan característico.

Tras la recolección, durante septiembre, y antes de la floración, tiene lugar la poda del árbol, con el fin de eliminar las ramas en mal estado, poda que se hará de 4 a 6 brazos, así como de 3 ó 4 pisos separados a una distancia de 50 cm entre ellos, estando el primero a una altura de 35 cm con respecto al suelo. Suele realizarse durante los tres o cuatro años posteriores a la plantación del árbol de manera muy intensa, ya que sirven para despuntar el ejemplar joven.

Mención especial merece el aclareo. En otoño, una vez que ha florecido, se lleva a cabo el aclareo de flores y frutos para conseguir que los éstos crezcan más vigorosos y tengan mejor calidad, dejando unos 4 o 5 frutos por cada racimo que se aclare.

Por sus particularidades climáticas, es precisamente la franja levantina el lugar donde se encuentra el mayor volumen de hectáreas dedicadas al cultivo del níspero, siendo Alicante el epicentro que lidera la producción nacional, con una superficie superior a 1500 Ha. y 40 millones de Kg. Dentro de esta provincia, hemos de destacar la zona de Callosa d´en Sarriá, cuyo Consejo Regulador Denominación de Origen Protegida Nísperos de Callosa d´en Sarriá ha favorecido su regulación, así como la certificación de calidad de este exótico producto.

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