Durante estas semanas y hasta abril Ruchey comercializa sus mejores naranjas,  de la variedad Navalete, que se caracterizan por su dulce y cuantioso zumo.

Las naranjas valencianas son uno de los mejores cítricos que esta región produce. Su fama se extiende más allá de nuestras fronteras, siendo el producto líder en exportación de la Comunidad Valenciana.

En las tiendas, supermercados y grandes superficies podemos comprarlas en mallas o a granel, pero ¿cómo sabemos que nos estamos llevando una naranja valenciana de calidad?  Desde luego, lo mejor siempre es poder comprarlas a granel y evitar aquellas que ya se encuentran en mallas. Es importante palpar la fruta, observar su piel y valorar su peso.  De este modo, podremos seleccionar el producto y elegir el que sea de calidad.

Por ello, presentamos aquí una serie de consejos que nos ayudarán a escoger las mejores naranjas valencianas.

No debemos preocuparnos por su maduración. La naranja, como cítrico que es, es un fruto climatérico (esto es, que la maduración correcta solo se alcanza cuando está en el árbol, a diferencia de otras frutas que continúan madurando una vez se hayan recolectado),  por lo que la naranja se recoge cuando esta está en el momento óptimo para su consumo.

¿Es importante el color? Obviamente, las naranjas valencianas deben presentar un color naranja característico, pero no siempre este es indicativo de la maduración, calidad y exquisitez del cítrico. En alguna ocasión podemos ver ejemplares cuya cáscara es verde y que se encuentran maduras, sabrosas y aptas para su consumo. Si bien es cierto que ello se suele dar en frutos que no son propios del área levantina, como los procedentes de países sudamericanos, podemos encontrarnos algunos casos aislados en nuestros cítricos, aunque no es lo común.

Es importante que pesen. Cuando vayamos a elegir nuestras naranjas valencianas, un consejo es prestar atención a su peso. Las naranjas pesan debido al endocarpo, su parte comestible formada por la pulpa y el zumo, que se encuentra dividida en segmentos o gajos llamados carpelos, y que supone el 80% del peso de la naranja. Por ello, una naranja que pese poco puede ser sinónimo de que tiene mucha corteza o de que esta es sumamente gruesa, por lo que los gajos serán pequeños. La lógica es simple: cuánto más gruesa sea la cascara, menos parte comestible tiene la naranja.

Atención a cómo suenan. Un consejo es golpearlas ligeramente en la cáscara. Una buena naranja valenciana no debe sonar a hueco, ya que ello indicaría que no es jugosa y, por tanto, que no es un fruto de calidad.

Su olor, síntoma inequívoco de su frescura. Si olemos una naranja, esta debe desprender un olor fuerte, a fresco, a naranja. Si nos huele a rancio, debemos descartarla inmediatamente pues esa naranja no estará en condiciones de ser consumida. No se trata de llevarnos cada naranja que seleccionemos a la nariz, pero sí de prestar atención al olor que desprenden.

Una piel libre de manchas y defectos es sinónimo de una naranja de calidad. En efecto, al escoger las naranjas, su corteza no debe presentar manchas, arañazos, golpes, etc. Un correcto sistema de recogida, transporte, manipulación y conservación habrá impedido golpes o caídas del producto, por lo que la piel debe encontrarse en perfecto estado.

Fiel a estos criterios, en Ruchey recolectamos las naranjas valencianas en su momento correcto de maduración, con sumo cuidado y delicadeza, solo cuándo se ha realizado un pedido. Por lo que usted recibirá un cítrico de calidad, con un color fuerte y brillante, un peso característico de su jugosidad y sabor, un olor a fresco y una corteza libre de manchas. En definitiva, una auténtica naranja valenciana de calidad para que pueda disfrutar en su casa del mejor producto del mercado.

Naranjas Ruchey